En Ibiza Motel Lounge creemos en la fantasía, y sabemos que a nuestros clientes les gusta imaginar. Por eso les compartimos este relato ficticio, un encuentro erótico en un motel en Quito. Uno puede imaginar lo que sea aunque nunca lo pruebe, ¿verdad? ¡O tal vez probarlo, por qué no! En Ibiza todo vale si todos la disfrutan…

Desde la última cena de Navidad, la tensión sexual entre mi cuñado y yo había ido en aumento. Aquella noche estábamos cenando los cuatro, mi hermana acababa de ir al servicio, y justo mi esposo salió a para atender una llamada.

No sé si fueron las copas de más o la ropa de menos. Era verano, yo llevaba una minifalda y un tanga ligero. Él alargó su mano bajo la mesa. Al poco tiempo apareció el mesero.

– ¿Quieren algo de postre?

Le dijimos que no, y seguimos con nuestro juego de manos y miradas… Alargué mi mano bajo la mesa, buscando su entrepierna. No sé si me excitaba más su pene erecto, o la tensión de que regresara mi esposo en cualquier momento, o mi hermana…

Pudimos acabar rápido con la cena y buscamos una buena excusa con nuestros esposos para poder culminar nuestros deseos en un motel de Quito. Le dije a mi esposo que tenía que pasar por la oficina porque había dejado unos documentos que necesitaría en la mañana.

Nos encontramos a dos cuadras del Ibiza Motel Lounge, en un parqueadero. Me subí a su auto, y parqueamos dentro del motel. Apenas encendimos la luz de la suite, comenzó a besarme por todo el cuerpo, bajando poco a poco hasta mi sexo.

Después lo rodeó y empezó a besar mis piernas, alternando con mordidas suaves y lamidos. Volvió a subir, y con sus manos comenzó a bajarme la tanga. De pronto, vi que comenzaba un juego más frenético entre nosotros. Con suavidad y al mismo tiempo con firmeza, se colocó tras de mí y agarró mi pecho, mientras con su lengua empapaba mi oreja…

Entonces, me susurró al oído:

“¿Quieres ser mi perra esta noche?”.

Quise decir si, pero antes de abrir la boca, la tapó con su mano. Me dijo:

“Ahora esta boca no hablará. Solo hará las cosas que yo le diga, ¿de acuerdo?”

Moví la cabeza como pude, para dar mi sí. Ya sentía mi sexo mojado, deseoso de que sus manos bajasen hasta él… Pero no podía hablar, ahora era su presa, y eso me excitaba aún más.

“Ahora quiero que te tumbes boca abajo en la cama, ¿entendido? Porque te voy a llevar a donde yo quiera”.

Disfrutando de mi nuevo rol sexual, le dije que sí, y me fui a colocar en la cama. Me pidió que me pusiera en cuatro. Obedecí excitada y nerviosa al mismo tiempo. Entonces comenzó a besarme por detrás, yo tenía mis manos quietas apoyadas en la cama. Lo que sucedió después, nadie lo puede explicar, quedó dentro de nuestra suite de Ibiza Motel Lounge.

A la mañana siguiente, todo volvió a la normalidad, y ninguno de los dos se atrevió a llamar ni a escribir. Aquella noche con mi esposo estuve más entregada que nunca.

  • Amor, te noto muy complaciente esta noche.
  • Sí, me siento mejor que nunca… ¿Quieres que juguemos a un juego?

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